El pasado 23 de julio, tuve la dicha y placer de cumplir mi primer cuarto de siglo caminando sobre esta masa de tierra y agua llamada Tierra (valga la redundancia). Y a lo largo de 25 años, la vida no ha sido fácil (se nota en mi rostro), pero, ¿qué es la vida?
El concepto de vida puede ser definido de varias maneras y formas. La idea más común es la que se encuentra vinculada a la biología, la cual dice que es la “capacidad de nacer, crecer, reproducirse y morir”. Así, punto. Dicho esto, podemos decir que la vida es aquella cualidad que nos diferencia de los objetos inanimados.

Otra idea plantea que la vida es la “fuerza interna que permite obrar a aquel que la posee”. Y así como estas, existen más ideas sobre lo que la vida misma es. Sin embargo cada idea o concepto, varía según la percepción de cada individuo. Yo lo veo más como un roadtrip de ida, 100% improvisado y sin regreso.
Como todo roadtrip, la improvisación es lo que le da sabor. Te subes al transporte que te llevará a tu destino, sea autobús, van o automóvil, sin un plan definido y lleno de dudas, nervios y emociones. Solo puedes pensar en una cosa: “Corre chico, corre”.
Inicia el viaje, observas el paisaje a través de la ventana y mil ideas invaden tu mente: ¿Qué pasará? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me espera más adelante? Te asustan las ideas negativas y decides reproducir el playlist especial para este viaje, ese playlist que te acompañará durante este lapso de aprendizaje.

Realizas distintas escalas y suben otros individuos que deciden acompañarte en esta aventura,. Los conoces, se vuelven tus amigos, tu familia, algunos otros tus rivales. Todos y cada uno de ellos, diferentes uno del otro, con personalidades distintas y con una variedad de experiencias que te ayudan a seguir adelante.
Los días pasan, algunos soleados y algunos lluviosos, y el destino sigue sin ser conocido. Las horas y minutos transcurren y las respuestas llegan y nuevas dudas surgen. Decides tomar un tiempo para pensar y disfrutar de la vista afuera de la ventana. Los recuerdos y las fotografías en tu memoria ya están, el camino ha sido largo, no cabe duda y quieres descansar un poco. Cierras los ojos y te dejas llevar por tus pensamientos.
Las escalas son cada vez más recurrentes, gente nueva sube y gente que ya conoces baja, almas que quizás no vuelvas a ver o que tal vez encuentres más delante. Algunas te dejan buenos recuerdos y aprendizajes, otros solo tragos amargos. De pronto, en una de esas paradas necesarias, sube esa persona que cambiaría tu perspectiva, tus ideas, tu visión… Tu viaje entero.

Todo es felicidad, risas y días soleados, cuando de repente, el cielo comienza verse gris y el viaje comienza a verse difícil. Ella decide que ese viaje no es para sí y se baja del transporte, dejándote solo con tus ideas fatalistas, el corazón roto y millones de gotas caer sobre ti.
Poco a poco, comienzas a enfadarte de todo, del viaje, de los demás pasajeros, incluso hasta de ti mismo. Empiezas a creer que todo es una pérdida de tiempo y que nunca debiste iniciar este viaje en primer lugar. Harto de todo, abandonas en la siguiente escala más lleno de dudas que cuando iniciaste. Quedas solo, harto y sin un lugar a donde ir. Confundido y hundido en tus sentimientos e ideas bajo una lluvia de dudas e incertidumbre en medio de la oscuridad y de la nada.
Después de llorar en silencio y estar en la miseria, decides que es momento de retomar camino nuevamente, pero esta vez hacia un nuevo destino incierto, por lo que decides subir a otro transporte. Un nuevo comienzo. Un nuevo cambio.
Miras el paisaje pasar a través de la ventana y mil ideas vuelven a invadir tu mente. Pero a estas dudas, la experiencia anterior ayuda a hacerlas más ligeras. Nuevas caras, nuevas escalas, nuevos paisajes, caras conocidas. ¿Qué pasará? ¿Qué hacer? ¿Qué espera más adelante?

Todo sigue su curso, las experiencias aguardan, los pasajeros acompañan, el viaje es largo y el destino desconocido, pero todo esto es parte del ser humano, todo esto es parte de… Este Roadtrip llamado Vida.
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